atomicblonde-1200x675-finalfinalCuando el trailer de “Atomic Blonde” apareció en la web hace varios meses se convirtió en una de las más destacadas promesas cuya fecha de estreno se anotó enseguida en muchos calendarios de cinéfilos. Es que esta película prometía una historia de espías y subterfugios, ambientada a fines de los 80, en la víspera del colapso del Muro de Berlín, con otro rol protagónico ultracool para que la no menos espectacular Charlize Theron formara imágenes que tuvieran todas las características para ser icónicas. Considerando el hecho de la soberbia banda de sonido que da la impresión de que todas las imágenes hubieran sido coreografiadas y hechas a medida para esos hechizantes sonidos de la no-tan-lejana New Wave, parecía que todo estaba encaminado para convertirse en una película de esas que dejan una marca en el alma y se recuerdan durante mucho tiempo.

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Pero ojo, no saquemos conclusiones apresuradas: hay muchas cosas que “Atomic Blonde” hace bien, muy bien. En primer lugar, está el aspecto general de la película: todo en ella es hiper-estilizado a la perfección. Desde el título (clara referencia al tema “Atomic” de Blondie, al igual que el cabello de la Theron que recuerda al de Debbie Harry en 1980) hasta las imágenes de archivo que configuran el escenario, pasando por la secuencia de persecución en Berlín, luego la saturada narrativa visual de Londres seguida de la titulación estilo graffiti que aparece en todas partes, esta es una película que conoce su imagen, su marca por así decirlo, y la vende por completo. Esto se resume en el excelente trabajo del departamento de vestuario ; con frecuencia son los trajes de Theron los que roban la escena. Sus atuendos son parecidos a los de calzado y moda porno: tacones puntiagudos de todas las longitudes y alturas, abrigos ajustados y cortados a la perfección; habrá que estar atentos a ver si la película tiene algún impacto en la moda de la próxima temporada.

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“Atomic Blonde” se basa en “The Coldest City”, la novela gráfica de 2012 de Antony Johnston y Sam Hart. El guión fue escrito por Kurt Johnstad, cuyos trabajos anteriores en el género de acción incluyen “300”. Las huellas digitales de esa serie están en todas partes de “Atomic Blonde” en muy buena forma. Las escenas de acción son brutales y difíciles de ver. Vemos a Lorraine Broughton (Theron) recibir puñetazos, estrellada contra las paredes, arrojada al suelo y ella se banca cada rasguño, cada golpe, cada hematoma. Es algo que no vemos a menudo en las películas: una mujer magullada y ensangrentada sin que ella sea una víctima. Es casi discordante al principio.

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El director de “Atomic Blonde” es David Leitch, quien co-dirigió “John Wick” con Chad Stahelski, así que si vieron esa película, tendrán una idea básica de qué esperar. Las secuencias de lucha están artísticamente construidas, son visualmente ingeniosas y más preocupadas por su propia creatividad que por salpicar sangre y desparramar tripas. Los asesinatos de Lorraine son una danza de la muerte, encantadores de ver; como una bailarina de crack, despacha sus intentos de saboteadores en persecuciones de autos, en escaleras, en cines. Los tacos aguja y la imagen impecable le dan alma al personaje de la agente británica, tan frío como el hielo y nada agradable para quien ose interponerse en su camino: sus acrobacias cardiovasculares dan a Bond y Bourne un nuevo desafío por superar.

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También queda muy claro cuánto de este trabajo realizó la protagonista: no hay cortes ni primeros planos en partes del cuerpo que pertenezcan a una doble en lugar de a la estrella. Todas sus fotos la muestran en toda su gloria atrevida y brutal. Esa secuencia continua de lucha de diez minutos en la escalera es algo de lo que posiblemente se hable durante mucho tiempo; es elegante hasta el punto de la arrogancia, principalmente porque nunca parece coreografiada, aunque indudablemente se habrá practicado a la enésima potencia para permitir que la toma sea tan efectiva. El hecho de que también es un trabajo de cámara manual, lo que obliga al espectador a ser cómplice en cada golpe o patada o salto, hará que el público experimente un placer casi masoquista en sus butacas. Es lo más destacado de la película, una escena sobresaliente en todos los sentidos y la respuesta a las preguntas que surgieron cuando conocemos al personaje de Theron en su día presente, desnuda y magullada por todas partes mientras emerge de un baño de cubitos de hielo.

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La estructura de la película es un poco extraña ya que es un completo flashback: vemos a Lorraine ante sus jefes del MI6 y la CIA (Toby Jones y John Goodman) su informe sobre la misión, por lo que de entrada sabemos que sobrevive hasta el final. Es una táctica que más o menos funciona, pero significa que el guión tiene que trabajar el doble para mantenernos enganchados con los personajes secundarios, ya que sus destinos son los que no conocemos. David Percival (James McAvoy) es el comodín desde el principio y se vuelve muy obvio que no está completamente “allí”. Adónde van con él es -para no spoilear nada- digamos que predecible, hasta que de repente no lo es. La agente francesa Delphine Lasalle (Sofia Boutella) equivaldría a una “Bond Girl” del pasado y su relación lésbica con Lorraine resulta bastante creíble, aunque algo forzada. Todo esto está rodeado por un esquema de colores fluo, luces de neón, ropa fantástica y una banda sonora que capta a la perfección el final de los ochenta.

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Todas las piezas están dadas para que aquí haya una gran película, pero existe un gran tropiezo en la forma de la historia. Una de las cosas que hizo que “John Wick” fuera tan exitoso fue el mundo que se creó dentro de las escenas de acción. Había toda una cultura de asesinos viviendo a la vista de todos y eso eleva a la película de “buena” a “muy buena”. Sin embargo, “Atomic Blonde” tiene una trama de espionaje de la Guerra Fría muy genérica, que cumple con todos los clichés uno por uno sin que se le caiga un pensamiento original. Además de hacer del personaje principal una mujer y darle a esta una novia, el resto son todas las cosas que hemos visto antes. Van a ver venir la mayoría de las vueltas de tuerca de la historia a mitad de la película, que no es lo que uno pretende de un thriller de espías.

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En suma, “Atomic Blonde” puede no tener la historia más original, pero las escenas de lucha y la estética general de la película son lo suficientemente buenas como para pasar ese punto por alto. Es una producción que sabe exactamente lo que quiere lograr y lo que quiere ser, sin espacio para la sutileza. Es una lástima que no hubiera algunas ideas más originales para acompañar (y sostener) todas esas increíbles coreografías de lucha… El hecho de que a Lorraine se le dé todo por hacer, pero con poca caracterización o detalle, es otra característica frustrante. Sin embargo, si te van los éxitos de taquilla que favorecen el estilo sobre la sustancia, la diversión sobre la funcionalidad, el arquetipo sobre el autor, no vas a encontrar nada más elegante, divertido o arquetípico que esto.

FICHA TÉCNICA

Título: “Atomic Blonde” (“Atómica” en castellano)

Género: Thriller, acción, espionaje

Origen: EE.UU.

Estreno: 28 de julio

Director: David Leitch

Guión: Kurt Johnstad

Reparto: Charlize Theron (Lorraine Broughton), James McAvoy (David Percival), John Goodman (Emmett Kurzfeld), Til Schweiger (The Watchmaker), Eddie Marsan (Spyglass), Sofia Boutella (Delphine Lasalle), Toby Jones (Eric Gray), Bill Skarsgård (Merkel), Sam Hargrave (James Gascoigne), James Faulkner (Chief C), Roland Møller (Aleksander Bremovyc), Barbara Sukowa (Coronel)

Música: David Bowie, Health, Peter Schilling, Nena, George Michael, Siouxsie And The Banshees, Marilyn Manson, Tyler Bates, The Clash, A Flock Of Seagulls, Peter Schilling, After The Fire, Re-Flex, Kaleida, ‘Til Tuesday

Duración: 115 minutos

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Charlize Theron se luce en una producción donde el estilo y la acción ayudan a disimular una trama con visibles baches.
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Frank Blumetti

Frank Blumetti

Frank Blumetti (Editor fundador)
Periodista especializado en artes (principalmente música), gastronomía y cultura popular. Co-fundador de la revista argentina Riff Raff (una de las publicaciones dedicadas al heavy metal más influyentes de los años 80) y secretario de redacción de la revista Madhouse desde 1989 hasta 2001. Director del primer fanzine de habla hispana dedicado a Kiss y autor junto a Carlos Parise del libro "Heavy Metal Argentino" (1993).