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Nile + Morvida, 1917 y Matan S.A. en Uniclub – 25/08/17

Renovados en sus fuerzas, Nile vino una vez más a la Argentina con su gira “What should not be unearthed”. Lo suyo, tal y como reza el nombre de la gira, fue de otro mundo, arrasador.

Zombies, cuerpos humanos despedazados, canibalismo, invocaciones a Satán, devastación… Puede afirmarse que desde sus comienzos, a mediados de los 80, el death metal se circunscribió en sus letras a los tópicos mencionados. Hay que destacar que la cuna que vio nacer al “metal de la muerte” fue el Estado de Florida, en EE.UU., y de allí mismo salió una banda que marcó una gran diferencia, Death. Influencias jazzeras, con tiempos y ritmos cambiantes, letras filosóficas e introspectivas, fueron gran parte de lo que definió al “death metal técnico” que parió la banda de Chuck Schuldiner. Es en esta misma senda de renovación, de una bocanada de aire fresco sobre los tópicos habituales de este género, en la que se inscribe la carrera de Nile. La banda enfoca sus composiciones sobre el Antiguo Egipto, la Antigua Mesopotamia y H. P. Lovecraft, cuestión que se ve reflejada en lo musical. Y eso es lo que fuimos a presenciar en esta visita del grupo que llevó a cabo un show para el recuerod en el Uniclub.

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RECETAS PESADAS. De aperitivo al plato principal, se sucedieron tres exponentes nacionales del metal extremo. Morvida, los encargados de comenzar la velada (o más bien el velatorio), ofrecieron un estilo rico en machaques, arranques bestiales y matices que llaman la atención. A continuación, 1917 presentó una propuesta directa con un palo y a la bolsa que dejó el ambiente propicio para el pogo y el moshpit.

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La antesala del show principal se tiñó de furia metálica al dar paso a Matan S.A. La banda del cantante Wata (ex Pandemia) logró destacarse, ya que el show y la puesta en escena se presentan como un atractivo extra. Violencia social y crímenes horrorosos se desplegaron en los temas que este grupo exhibió como parte de su repertorio, interesantes exponentes del metal extremo nacional.

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UN RÍO DE POTENCIA INTERMINABLE. 3000 años de culto a la vida después de la muerte se hicieron presentes en el momento en que Karl Sanders y los suyos se hicieron presentes en el escenario. Melodías desde las catacumbas anticiparon el salvajismo que se descargó entre el público ávido del mejor death metal. Es un hecho: estos estadounidenses saben lo que hacen al descargar temas que van desde el disco “Amongst The Catacombs Of Nephren-Ka”, hasta “What Should Not Be Unearthed”, su más reciente producción. Con el oficio característico de Nile, los cerebros de los presentes se llenaron de metal, momificados de placer, jedbangueando, agitando el puño en salvajes gestos o tan solo como testigos quietos, disfrutando de lo que el grupo sabe hacer.

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METAL FARAÓNICO. Como todo motor de una banda de metal extremo, el baterista George Kollias entregó descargas que se fueron haciendo cada vez más precisas y arrastraron a todos los presentes, manteniéndolos bajo su poder. La versatilidad de Nile se verificó también en cuanto a las voces: tanto Karl Sanders, como el otro guitarrista Brian Kingsland y el bajista Brad Parris se alternaban para expresar los death growls correspondientes. En definitiva, Ra, Isis y todos los antiguos dioses estuvieron del lado de Nile y sus seguidores ofrendaron toda su pasión metálica… Como postal final de la banda, lejos del aura de los faraones, luego de cargar sus propios equipos al finalizar el show, se encargaron de sacarse fotos con el puñado de fanáticos que aguardaron pacientemente por ellos.

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Sergio Escalas

Docente y actor fanático de Deep Purple, Black Sabbath y Pink Floyd, Rata Blanca, El Reloj y Hermética. Asiduo bloguero y melómano, escribe sus reseñas para Madhouse desde las profundidades de una biblioteca mientras infunde el placer por la lectura entre los más chicos.

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