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PACIENTE: OVERKILL “The Grinding Wheel”(Nueclear Blast, 2017)

HISTORIA CLÍNICA: El décimo octavo disco de estos veteranos thrashers americanos es una exhibición de voracidad que no conoce descanso, descenso ni piedad. Desde el imprescindible “Ironbound” (2010), el combo liderado por Bobby “Blitz” Ellsworth está cabreado a nivel dios y con cada nueva entrega pega mas duro que un burro anabolizado, macho. En esta oportunidad, entrega diez nuevos misiles que te condenan a rockear desde el primer segundo después del “play” inicial.

Así, la cosa arranca con “Mean Green Killing Machine” y el retumbe de sus tambores de guerra, el cual muestra sus primeros filos y deja en claro que lástima no se le tiene a nadie. Por si no nos habíamos enterado, el calentamiento ya terminó y “Goddamn Trouble” es la siguiente maza, con espíritu heavy y marcha thrashera. En “Our Finest Hour”, Ellsworth pela esos agudos corta viruta que tan bien le quedan a Overkill, mostrando un tema perfectamente equilibrado entre la marcha arrasadora y la melodía, con un trabajo destacable de los violeros Derek Tailer y Dave Linsk. La paliza sigue con la gancherísima “Shine On”, temazo de marcha media y violas inspiradísimas: imposible sacarse sus riffs de la cabeza… Pero cómo, ¿esto no es thrash metal? ¡Claro que sí! Y ahí están las dos hostias siguientes, imparables: “The Long Road” y “Let’s All Go To Hades”.

En “Come Heavy” el quinteto de New Jersey ofrece lo más parecido a un tema de hard rock que sus retorcidas mentes puedan llegar a concebir, y el resultado es sobresaliente. Más lineal pero no menos efectiva es la rapidísima “Red White And Blue” con sus coros hardcore, que potencian su brutalidad. “The Wheel” es el anteúltimo tiro, un piñón thrashero de manual que Overkill ejecuta sin misericordia y con munición de calibre grueso.  El último, “The Grinding Wheel”, es un medio tiempo con cambios de ritmo, que se toma casi ocho minutos para cerrar el álbum de manera épica y grandilocuente.

DIAGNÓSTICO: Si hubiera que hilar recontra fino y buscarle una debilidad al disco, esa sería la producción (a cargo del mismo grupo y con la mezcla y masterización a cargo de Andy Sneap), que por favorecer el volumen y la brutalidad puede resultar algo monótona y eso es algo que se puede notar con las sucesivas escuchas del disco. Pero ojo: es un disco que tiene más de 60 minutos de una furia que todo lo devora y -detalles melómanos de lado- tiene un nivel realmente superlativo.

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Ignacio Staropoli

Ignacio Staropoli

Marketer, guitarrista, padre y de Villa Luro. Tiene 33 años. Le gusta pensar que dice más de lo que habla.