clutch-3Relajado, luciendo una camiseta de “Never Say Die” de Black Sabbath, cerveza en mano y ya sin zapatos, el baterista Jean-Paul Gaster elogia a Neil Peart y detalla su técnica de bombo a un devoto fan y aficionado a la batería. Estamos en los pasillos del backstage de la venerable Sala Apolo de Barcelona y hace unos buenos 20 minutos que el show de Clutch ha terminado. Aún pitan los oídos del atronador final con “The Mob Goes Wild” y “The Wolfman Kindle Requests…”. El set list que este fan se lleva firmado como trofeo, anunciaba “The Regulator” en los bises, pero por alguna razón decidieron cambiar. Misterios de la guerra psíquica, sin duda.

El cantante Neil Fallon es el foco indiscutible en Clutch, pero la figura que mueve los hilos –y no sólo a nivel musical- es el baterista Jean-Paul Gaster, guardián de las esencias del sonido y la ética de trabajo de la carrera de Clutch. Hijo de madre uruguaya (Jean-Paul puede hablar un correcto castellano del Río de la Plata), el baterista se muestra orgulloso de sus orígenes familiares y musicales, lo que de alguna forma arroja luz sobre las peculiares influencias que conforman el singular fenómeno Clutch, uno de independencia, de lenta destilación y de unánime reconocimiento tardío. Probablemente, la mejor banda de rock del planeta las últimas décadas. Rockeros de la Tierra, esta es la conversación.

La de “Psychic Warfare” es probablemente la gira más exitosa del álbum más exitoso de la carrera de Clutch. ¿Cómo la ves en perspectiva, ahora que llega al final?

Ha sido increíble. Hemos sido capaces de tocar en muchos más lugares para mucha más gente. Hay un cierto impulso especial detrás de la banda que nunca había sentido antes. Hemos estado haciendo esto por 25 años, y siento que ahora estamos creciendo más rápido que nunca. Esta gira en particular ha estado yendo muy bien. España, Alemania han sido fantásticos, volveremos a París pronto. Los shows se han ido haciendo cada vez más grandes, a un nivel que yo nunca había imaginado. Es increíble y estoy muy agradecido, ya que no quiero tener que conseguirme un trabajo de verdad (Risas)

La canción es lo más importante. Podés tener los mejores músicos del mundo, la mejor producción, pero si la canción no está allí, no significa nada. – Jean-Paul Gaster

La de ustedes es una historia de éxito poco común.

Estoy de acuerdo. Lo es. Es muy inusual: los mismos cuatro cabrones, juntos desde el principio, tocando los mismos instrumentos, haciendo música. Es hermoso. Amo esto, lo aprecio, y los tipos con los que toco piensan lo mismo. Esta es una oportunidad muy especial.

Viven prácticamente en la carretera, como las bandas de los 70.

Nunca termina. Girar para nosotros es una cosa permanente. Muchas bandas hacen giras para apoyar un disco. Nosotros nunca hemos hecho eso. Salimos de gira y hacemos discos entre las giras. Después de las fiestas de fin de año tenemos unos cinco shows, luego descansamos hasta la primavera y vamos a comenzar a escribir. Tenemos algunas cosas fermentando. Pero para nosotros es muy difícil escribir estando de gira estos días. Realmente un show te lleva todo el día. Ya veremos a que dirección nos lleva este material.

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EL SECRETO DE MI ÉXITO

Si algo especial tiene Clutch, es que en un momento dado de su carrera dieron con la fórmula magistral de hacer canciones memorables. ¿Cómo es ese proceso creativo?

Puede haber alguna música que surja, pero tan pronto tenemos unas letras, todo cambia. Estos días yo escucho a Neil (Fallon) todo el tiempo.  Las voces te dicen cuál es la onda, te dicen lo que hay que hacer. Las partes de batería que compongo se basan en apoyar esas voces. Y los otros tipos hacen lo mismo. Se trata de esas voces, de ese estribillo, de darle algo a la gente a lo que agarrarse y que pueda cantar, y eso es importante. El proceso de composición no ha cambiado tanto, ya que seguimos siendo los mismos cuatro tipos metiéndonos en una sala. A veces alguien trae un riff, a veces presento un ritmo en el que estoy trabajando, a veces puede ser un ejercicio. Pero para mí, el desafío es convertir ese ejercicio en música y construir algo alrededor de ello. Normalmente, al cabo de 45 minutos es un animal completamente diferente. Es algo verdaderamente orgánico. A veces ni siquiera hablamos mucho: empiezo, a veces pasa una hora y nadie dice nada, y seguimos tocando.

¿Es algo placentero? ¿Doloroso? ¿Frustrante?

Es todo. Frustrante, gratificante, desafiante. Aburrido. Realmente orgánico. No es un tipo que viene y dice, “aquí está la canción, vos hacé esto, vos lo otro”. Es lo que lo hace especial, suena a cuatro tipos, no a un solo tipo diciendo lo que hay que hacer.

En sus discos se percibe esto, que piensan como fans, en el tracklisting y en el flow de las canciones.

La canción es lo más importante. Podés tener los mejores músicos del mundo, la mejor producción, pero si la canción no está allí, no significa nada.

“A Quick Death In Texas” de Psychic Warfare, es una de esas canciones. El vídeo es muy entretenido. Me imagino que lo pasaron en grande haciendo de cowboys.

Fue divertido. Para nosotros fue un desafío, porque nunca habíamos hecho algo así antes. Fue lo más parecido a actuar que jamás haya hecho. El lugar en que lo filmamos está en New Jersey, se llama The Wild West City. Fue construido en los años 50 y es de esos sitios donde llevás a tus niños. Había cowboys, indios,  etc. Es un poco casposo y bizarro. Es un negocio familiar desde entonces, y lo sigue siendo hasta hoy. Todos los personajes que hay allí -un padre, un tío, un cuñado, las hijas- son todos de la misma familia. Fue increíble verlos hacer su trabajo, Hay un tipo en particular, el viejo, debe tener 75, 80 años, y practican disparándole 10 o 15 veces, y es lo que el tipo hace para vivir, es un doble. Fue alucinante ver a un tipo de 75 años por el suelo. Fue muy divertido, una gran experiencia, y estamos muy orgullosos de este video. Fue algo muy diferente para nosotros, y al final del día, es lo que querés presentar: algo diferente.

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CONCIERTOS CON CIERTO CONCIERTO

En Youtube está el show completo de su actuación en Wacken del año pasado. Podría ser casi el set definitivo de Clutch. ¿Piensan sacarlo en DVD?

Es un muy buen set. No se si lo lanzaremos en alguna manera. Ya está en Youtube. Vos sabés que publicar algo como un DVD estos días es muy duro. Es suficientemente difícil intentar que la gente compre CDs, imaginate para un DVD.

En los comentarios de la gente, había un tipo que decía que ver a Clutch es como ver a AC/DC o Van Halen. Salís con una sonrisa en la cara.

Hermoso. Comienzo por decir que trato de mantenerme humilde y no espero nada. Para nosotros, que muchas veces subimos al escenario, vemos a la gente y pensamos, “OK, algo debe estar yendo mal. Esta gente no está aquí para vernos” (Risas), sigue siendo una sorpresa. Ojalá haya mucha gente, y que esté bien. Éramos la misma banda cuando tocábamos para diez personas, tocamos lo mismo, sin importar lo que haya delante. Para mí, no hay diferencia en cómo me enfrento al set. Toco lo mismo para diez que para diez mil personas. Entonces pienso en eso. Pero también en que la gente viene a ver el show, y que trabaja duro para pagar su entrada. Entonces tengo que salir ahí fuera y tocar rock and roll sin importar cómo hayan sido mis días, si estoy cansado, si tengo resaca o si no dormí bien la noche anterior. Cualquiera hayan sido las circunstancias, no importa: todo tiene que salir por la ventana cuando llega el momento de hacer rock and roll.

Viéndolo desde el otro lado, ¿cuál fue tu primera experiencia en concierto?

Mi primer experiencia en vivo fue ZZ Top. Fue increíble. Fue en una gran arena, y yo era un gran fan de ZZ Top antes de eso. Me voló la cabeza. Tengo que decir que uno de los primeros shows que realmente tuvo un impacto sobre mí fue ver a los Bad Brains en el 9:30 Club en Washington D.C. Un sitio muy pequeño. Y había ido antes a ese club a ver shows. Tenía unos 17 años. Pero esa noche fue eléctrica para mí. Los Bad Brains tomaron el escenario y convirtieron a ese club en una iglesia. Lo sentí así. Vi a esos tipos hacer lo que hacían y me dije, “esto es lo que yo quiero hacer”.

Las primeras cosas que escuchás son las que te hacen ser quien realmente sos, algunas veces más de lo que pensás. – Jean-Paul Gaster

¿Y en cuanto a tu primer disco?

Black Sabbath. Conseguí un trabajo cuando tenía 15 años, en una zapatería para niños, y cada semana iba a la tienda de discos y elegía un nuevo cassette, que era lo que yo tenía. Tenía poca plata, así que tenía que elegir bien que compraba. Miraba la tapa, el reverso, todo. Recuerdo comprarme “Volume 4″ y escucharlo una y otra vez. Y una vez que me lo sabía de memoria, me decía, “OK, ahora puedo ir y comprarme otro disco de Black Sabbath”.

Es completamente diferente a lo que es hoy en día, en que la gente tiene acceso casi infinito a todo el trabajo de un artista, y es difícil de asimilar.

Me encuentro estos días escuchando una canción una y otra vez, hasta que la he asimilado. Hay tanto material allí fuera que es imposible escuchar todo. Así que si es un artista nuevo, elijo una canción, la escucho al día siguiente, y al otro día, y luego comienzo a meterme en el catálogo. Hay demasiada música disponible para uno, que es importante saborear lo que tenés, como con la comida.

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RAÍCES LATINAS

Aparte de escuchar música, veo que tocás la mandolina (N.: a su lado tiene una mandolina y un libro de partituras)

He intentado tocar la guitarra a través de los años, el bajo, la trompeta… Pero no podía. Igual no sé, me llevo bien con este tipo chiquito (Risas) Está empezando a salir algo poco a poco. No toco realmente, sólo trato de sacarle algunos acordes. Es muy bueno para el bus de gira, es muy tranquilo.

¿Y qué hacés antes y después de actuar?

Antes de tocar entreno con música, toco cosas de jazz. Amo el jazz. Hay veces que no hago necesariamente cosas de jazz, pero uso la música como tempo. Y hago lo mismo con el reggae, King Dubby es excelente como ejercicio. Cuando estoy practicando no pienso en la música sino en entrenar, en entender el concepto, ya sean ejercicios con los palos o ejercicios independientes. Para mí, como baterista, es importante separar los dos conceptos. Una cosa es practicar con el instrumento y otra cosa es tocar el instrumento. Antes de cada show, realmente priorizo practicar sobre música de New Orleans, Second Line Funk, me encanta eso. Entonces me voy soltando y empiezo a tocar, y luego es hora de subir al escenario. Después del show, la mayor parte del tiempo estos días es Muddy Waters, Elmore James, Skip James o John Lee Hooker. Un montón de blues.

Mencionás New Orleans y el blues. En mi opinión, Clutch es de las pocas bandas que han llegado a las costuras del blues, incluso con cosas de antes del blues, de música creole y lamentos de esclavos. ¿Conocés el Creole Choir Of Cuba?

No.

Peter Gabriel los apadrinó, es como blues antes del blues. Descendientes de esclavos haitianos llevados a Cuba. Una cosa muy original.

Lo investigaré. Para mí, la música de New Orleans es muy importante, como la música de Cuba, Brasil… (N.: Habla en castellano) En Uruguay tenemos el candombe. (N.: Vuelve al inglés) Y cuando das un paso atrás y miras a la gran imagen, ves que todas estas músicas están relacionadas. No es algo compartimentado. Todas estas músicas tienen cosas en común, y es muy interesante. Por ejemplo, cuando escucho candombe, pienso: “ya he escuchado ritmos como ese en las calles de New Orleans”. No exactamente lo mismo, pero sí cosas que han sido transmitidas de generación en generación, que continúan siendo fuentes de inspiración para la gente.

Siempre pienso que nadie ha llevado verdaderamente bien el candombe al rock o al metal. Mirá cómo les fue a Sepultura con las percusiones afrobrasileñas. Y el candombe es un ritmo aún más contundente.

Quizás deberíamos hacerlo nosotros… (Risas) ¡Sería algo cool! El candombe da miedo. Recuerdo la primera vez que escuché candombe, estar caminando en la calle, con edificios de un lado y del otro,  y escuchar tocar a los candomberos. Asustaba, era avasallador. El ritmo seguía, seguía y seguía.

¿Ibas a Uruguay con frecuencia?

Comencé a ir cuando tenía dos años, luego a los cinco. Y cuando tenía nueve viví allí por un mes. Esa fue la primera vez que oí a los candomberos. Luego volví un par de veces en mis veinte años. Hace tiempo que no voy. Mi tío, el hermano de mi madre, era músico de rock allí en los 60 y 70, tocaba el bajo. Me cuenta historias de escuchar rock and roll en aquella época, y es algo muy excitante también.

De esa época y de esa zona hacen “Algo Ha Cambiado”, de Pappo’s Blues.

La vamos a hacer esta noche. También me encantan el grupo Días De Blues, el Flaco Barral. Cuando escucho esos discos, siento que esos tipos no tenían los mejores instrumentos pero los hacían sonar tan bien que casi podés escucharlos luchar con el instrumento, tratando de sacar el mejor sonido; el baterista aporreando su kit, podés sentir eso en la música.

¿Qué recordás de tu primer gran gira con Sepultura y Fear Factory?

Sepultura es una de la bandas más brutales que jamás he conocido. Los íbamos a ver antes de esa gira, en las giras de “Arise” y “Chaos AD”. Recuerdo haber escuchado “Schizophrenia” por primera vez, y me voló la cabeza. Para mi, poder ir de gira con esos tipos era un sueño hecho realidad, eran una banda tan poderosa. Y creo que ellos, en su mejor momento, se fumaban a Slayer. Sin duda alguna.  La atmósfera en esa gira era fantástica. Igor fue sensacional -todos lo eran- pero él me tomó bajo su ala, hablábamos de baterías, etc. Y aunque teníamos estilos muy diferentes, hablábamos de música todo el día. Hardcore, los Bad Brains, música de Brasil, de Uruguay… Esos tipos saben mucho de música, corre por sus venas. Extraño a esa banda. He visto a Sepultura, la nueva encarnación, y estoy orgulloso de ellos también, creo que aún siguen haciendo muy buena música.

Eloy Casagrande, el nuevo baterista, es increíble.

(Suspira) ¡Dios mío! Da miedo. Es un chico encantador, muy humilde. Lo conocí después de su show. Demonios, vaya bestia.

Los bateristas brasileños tienen ese toque especial, que nadie tiene.

Estoy de acuerdo. Creo que cuando crecés con esos ritmos alrededor tuyo, eso se mete en las costuras de tu estilo. Creciendo alrededor del área de DC, hay una escena de música regional muy potente, Go-Go, muy basada en la percusión. Cuando era niño escuchaba música Go-Go por todas partes, y no me di cuenta de que era algo original hasta que salí de gira y hablaba con otros bateristas, y les preguntaba, ¿sabés algo de Ju Ju House? “No”. ¿Y de Chuck Brown? “No, ni idea”. ¿North East Groovers? “Tampoco”. Nadie sabía nada.  Y estaba sorprendido de cómo una música tan poderosa no salía de la escena regional. No tengo una respuesta para eso, pero sí se que escuchar esos discos, incluso antes de ser un baterista, tuvo un impacto en mí. Las primeras cosas que escuchás son las que te hacen ser quien realmente sos, algunas veces más de lo que pensás.

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MIS AMIGOS LOS MÚSICOS

Vos trabajaste con Wino Weinrich de The Obsessed y Saint Vitus. ¿Cómo fue la experiencia?

Wino es una leyenda. Y también de la misma zona que yo.  El fue el pionero de todo la escena doom de Maryland. Un montón de bandas de Maryland comenzaron tras escuchar los primeros discos de The Obsessed. Salimos de gira con Wino varias veces, con su banda Spirit Caravan. Para mi, es uno de los músicos más poderosos con los que he tocado.

Es un músico muy infravalorado.

Es increíble. Cada vez que lo veo tocar, él hace algo en algún momento del set que es del nivel de Hendrix. Es así de bueno. Hice una gira con él en Europa, hicimos Alemania, Holanda, la República Checa, etc. Tocar con él todos los días era tremendo, es un músico tan intuitivo, que recuerdo estar tocando en el tempo, él comenzaba a tocar sus solos, entonces yo hacía alguna cosita detrás y se giraba, me miraba y boom, aquí venían sus notas en el tempo. Dios, es increíblemente bueno.

¿Y que podés contarme de tu proyecto con Per Wiberg de Spiritual Beggars?

Sí, tenemos un proyecto llamado King Hobo, estoy seguro que tocaremos de nuevo, es cuestión de tiempo. Per toca teclados en Spiritual Beggars, toca el bajo en Candlemass, siempre está ocupado en proyectos nuevos. Ahora está haciendo una suplencia en Grand Magus. Excelente músico, muy buen tipo con quien estar. Además es una enciclopedia de música, conoce todo. Es muy divertido estar con él, y además le gusta mucho la buena cerveza (Risas).

Ustedes tienen su propio sello, Weathermaker Music. ¿Pensás lanzar más material de esos proyectos por allí?

Es un época muy dura para el negocio ahora. Tenemos que ser muy selectivos con lo que hagamos. La razón por la que existe Weathermaker Music es para sacar música de Clutch, es el vehículo para eso. Cuando terminamos con el último sello DRT, nos dimos cuenta de que no había vuelta atrás para que volviéramos a firmar con otro sello. Incluso si manejáramos el peor sello del mundo, aún sería mejor que estar en otro sello.En cada lanzamiento aprendemos algo. Cuando hicimos “Psychic Warfare”, para la fecha de lanzamiento teníamos todos los CDs pero el vinilo no estaba listo. Y eso es parte del proceso de aprendizaje. Cada vez lo hacemos mejor. Es un trabajo que disfruto haciendo. Tenemos un almacén en Frederick, donde vivimos. Ensayamos allí, y también almacenamos los CDs y los vinilos. Cuando estoy en casa y llega un pedido, voy al almacén y hago los paquetes.

Me imagino que es una sensación muy gratificante. Mirar tu propia obra, tocarla, olerla…

Me encanta, me encanta apilar los vinilos en los pallets, precintarlos… En realidad mi esposa es la jefa (Risas). Ella maneja todo el tema, la contabilidad y el inventario. Es tan disfrutable, realmente me gusta. Cuando viene el transportista y se lleva los paquetes y los manda a todo el planeta, es el mejor sentimiento del mundo.

Fotos: © Marc Miller

 

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Daniel Renna

Daniel Renna

Daniel nació a temprana edad en Montevideo, Uruguay. Es periodista, manager, agente, promotor y productor. Comenzó en el periodismo musical en 1988, escribiendo posteriormente para Rock de Primera- Rolling Stone (Uruguay), Madhouse, Generación X y Epopeya (Argentina), AC/DC Resource Centre (Inglaterra), Lado Oscuro (Uruguay) y Slammin’ (Brasil). En España, ha sido redactor de las revistas Zombi, Popular 1 y actualmente de Ruta 66. En más de 25 años de carrera, ha entrevistado a artistas como AC/DC, Aerosmith, Deep Purple, Pantera, Slayer, Megadeth, Scorpions, Black Sabbath, Ozzy Osbourne, Judas Priest, Iron Maiden y decenas más. Vive en Barcelona desde 1995. Es miembro honorario del Roisin Dubh Trust, institución dedicada a promover la memoria de Phil Lynott. Colecciona discos de vinilo, tiene dos hijos y un gato negro llamado Luke.