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Lars Ulrich declarando ante la justicia estadounidense, una decisión que le granjeó la antipatía de miles de fans en todo el mundo

13 de abril de 2000: el día en que la industria de la música y la Internet se convirtieron en los mejores enemigos para siempre. También fue el día en que la demanda “Metallica v. Napster, Inc.” fue presentada en el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito Norte de California – un caso de importancia nacional que allanaría el camino para que Steve Jobs y Apple crearan iTunes y iPod, y en última instancia, para bloquear la tecnología y las industrias de los medios de comunicación en una batalla que continúa hasta el día de hoy. Cuando Taylor Swift se queja de Spotify, los argumentos son un eco de Metallica v. Napster. Cuando Jay Z, Beyoncé, Kanye, Rihanna, y todos sus amigos lloran acerca de  Tidal, es un eco de Metallica v. Napster… Hace casi veinte años Internet vapuleó a la industria de los medios de comunicación, que todavía está tratando de recuperarse. Metallica v. Napster fue sólo el primer intento y hoy recordamos los pormenores de aquel caso tan histórico y polémico como influyente.

El camino a la corte comenzó en junio de 1999, cuando el ex estudiante universitario Shawn Fanning y el hacker adolescente Sean Parker lanzaron un programa cuyo apodo vino a su vez del apodo que tuvo en su niñez este último. El objetivo original de Napster era crear “una forma para que la gente busque archivos y se comuniquen entre sí”, informó la revista Newsweek en 2000; “Construir comunidades alrededor de diferentes tipos de música”, amplió Fanning en aquel artículo. Sin embargo, la expansión de Internet de alta velocidad, particularmente en los campus universitarios, hizo que el programa fuera la solución perfecta para los estudiantes ansiosos por buscar y descargar mp3. Encontrar canciones raras (o incluso comunes) se hizo tan fácil como escribir el nombre de banda o un título de canción en la barra de búsqueda del Google. Pronto, miles de personas estaban intercambiando archivos de música como si fueran figuritas digitales, utilizando Napster como el conducto.

Como era de esperarse y ante la pérdida de jugosas ganancias, la industria de la música no estaba contenta y actuó con rapidez. A principios de diciembre de 1999, la Asociación de la Industria de la Grabación de América (RIAA) demandó a Napster. La organización publicó un comunicado que contenía esta cita de Cary Sherman, vicepresidente ejecutivo senior y asesor general de la RIAA: “Napster busca facilitar la piratería y construir un negocio a espaldas de artistas y propietarios de derechos de autor”. Ron Stone, gerente del sello Gold Mountain, fue aún más contundente en esa misma declaración: “Es el sitio web más insidioso que jamás haya visto”.

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Shawn Fanning, dando la cara. Y por su expresión, la que se le venía encima no era precisamente buena…

En Metallica no estaban lo que se dice entusiasmados con Napster, especialmente después de descubrir que el demo con una versión incompleta de “I Disappear”, canción que Metallica compuso para “Mission: Impossible II” y que ni siquiera habían lanzado oficialmente, estaba siendo pasada por la radio… y procedía del servicio. “Recibí una llamada de nuestra oficina al día siguiente: ‘Esto viene de algo llamado Napster’, me dijeron”, recordó el baterista Lars Ulrich en 2013. Para añadir más sal a las heridas, el resto del catálogo de la banda también estaba disponible en Napster, por ende gratuitamente. ¿La reacción de Ulrich? “Qué decir… estábamos como, ‘Bueno, ellos jodieron con nosotros, nosotros vamos a joderlos a ellos”. Y así, un 13 de abril como este pero de 2000, la banda presentó una demanda en el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos en el Distrito Norte de California no sólo contra Napster, sino también contra la Universidad del Sur de California, la Universidad de Yale y la Universidad de Indiana. ¡Una bomba atómica!

Según la revista Rolling Stone, la demanda imputó a las entidades “infracciones de derechos de autor, uso ilegal de dispositivos de interfaz de audio digital y violaciones del Acta de Organizaciones Corruptas y Criminalmente Influenciadas (RICO)”. ¿Qué pretendían? U$ 100.000 por violación de derechos de autor. En un comunicado de prensa, Ulrich aclaró por qué la banda decidió montar un desafío legal: “Con cada proyecto, pasamos por un agotador proceso creativo para lograr música que creemos es representativa de Metallica en ese mismo momento en nuestras vidas. Tomamos nuestro trabajo -ya sea la música, las letras, o las fotos y obras de arte- muy en serio, al igual que la mayoría de los artistas. Es, por lo tanto, asqueroso saber que nuestro arte está siendo negociado como una mercancía en lugar del arte que es. Desde el punto de vista del negocio, se trata de la piratería -tomar algo que no te pertenece”, continuó. “Y eso es moral y legalmente incorrecto. El comercio de esa información -ya sea música, videos, fotos, o lo que fuere- es, en efecto, el tráfico de bienes robados”.

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Luego del bloqueo de la banda, los usuarios que querían descargar su música en Napster se encontraban con este simpático cartelito: “prohibido por Metallica”

Napster se mantuvo firme frente a este desafío, como así también ante una demanda separada presentada contra ellos por el rapero Dr. Dre varias semanas más tarde. También se resistió a las universidades que bloquearon el acceso al servicio (Yale y la Universidad de Indiana fueron retiradas de la demanda después de hacerlo). Sin embargo, otras universidades como Harvard, MIT, Stanford y Duke se negaron a restringir el servicio en el campus. Y muchos músicos y bandas saltaron a favor del servicio, como Chuck D de Public Enemy, Limp Bizkit y The Offspring, entre otros.

La reacción pública fue inmediata y severa contra Metallica, quizás porque para reforzar su caso la banda localizó a 335.000 nombres de usuarios de personas que supuestamente descargaron su música ilegalmente y en una maniobra a la cual el adjetivo de “jugada” (entre muchos otros) le queda como anillo al dedo, le pidió a Napster que los bloqueara (!). Como resultado, la demanda comenzó a ser vista como un ataque personal contra los fans o un movimiento codicioso, no ya una cuestión de principios o un desacuerdo entre las empresas. “Algunos artistas están en esto por la música, por amor al arte. Otros están por el dinero”, dijo a CNET el estudiante Wayne Chang, quien dirigía los tableros de anuncios online en la comunidad de Napster. “Metallica acaba de mostrar de qué lado de la línea están parados”.

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Lars Ulrich observa atentamente cómo la policía requisa equipamiento de Napster durante un allanamiento en las oficinas del servicio en San Mateo, California. La foto es del 3 de mayo de 2000.

La compañía de música online August Nelson creó un sitio web llamado PayLars.com, del cual MTV informó sarcásticamente que los fans podían “donar” $ 1 por cada canción lanzada oficialmente por Metallica, para “compensar todos los ingresos que la banda piensa que está perdiendo con el comercio de MP3 en línea”… El animador y cineasta Bob Cesca también se subio al carro, produciendo varios videos burlándose de la demanda y de los miembros de la banda, creando además un corto anti-Metallica llamado “Metalligreed” (greed = codicia) para Motley Crue.

“Los cerdos engordan y son asesinados, y creo que los cerdos de Metallica”, dijo el bajista Nikki Sixx a MTV en ese momento, “ganan suficiente con la venta de camisetas y conciertos y otras formas de corporación. Creo que para un artista no es un comportamiento aceptable hacerle eso a sus fans. Elektra (…) y los managers de Metallica, manejan como títeres a los chicos de Metallica y están jodiendo a sus fans, y creo que es algo muy jodido de hacer”. A lo cual quien era por entonces portavoz de Metallica, Gayle Fine, respondió a MTV: “Si Motley Crue está en un lado, y nosotros estamos en el otro, entonces tené la garantía de que estamos en el lado correcto”. La guerra fría (o caliente) estaba más que declarada para entonces. Es más: debido a este conflicto judicial, el nombre de Napster fue cada vez más masivo dentro de los internautas, sumando día a día más y más usuarios que descargaban el programa y, por lo tanto, compartían más y más archivos. De hecho, un usuario afirmó en 2000 que en su computadora tenía más de 23 mil canciones.

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Uno de los tantos cartoons que circularon por internet con el fin de escrachar al grupo: Ulrich y Hetfield aparecen como vigilantes. Say no more.

En última instancia, Napster resolvió sus demandas con Metallica y Dr. Dre en julio de 2001. Al menos Ulrich declaró estar satisfecho con el resultado, tal como informó Billboard: “Creo que hemos resuelto esto de una manera que funciona para los fans, músicos y compositores por igual”, comentó, añadiendo que “Nuestro problema no ha sido con el concepto de compartir música; todo el mundo sabe que nunca hemos objetado a nuestros fans intercambiar cintas (N. se refiere a los cassettes) de nuestras actuaciones en vivo. El problema con Napster fue que nunca nos preguntaron a nosotros u otros artistas si queríamos participar en su negocio. Creemos que este acuerdo creará el tipo de protección mejorada para los artistas que hemos estado buscando en Napster”.

El cofundador de Napster Fanning era igualmente optimista sobre el futuro post-Metallica: “Esperamos ganar el respaldo y respeto de Metallica mientras trabajamos para desarrollar Napster en una herramienta que pueda responder tanto a las necesidades de los artistas para comunicar su arte como a los deseos de los amantes de la música en todo el mundo”. De hecho, al momento del arreglo, Napster estaba en el proceso de reequipar su servicio. Luego de una larga y contenciosa batalla judicial que involucró varios intentos de apaciguar las solicitudes de los sellos discográficos, así como el apoyo de grupos como Dave Matthews Band, quien lanzó un mp3 oficial a través del servicio y una alianza con el antiguo adversario Bertelsmann– Napster cerró el sistema gratuito de intercambio de archivos en julio de 2001.

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Sean Parker y Shawn Fanning hoy… ¡ojo con lo que estén bajando en esa laptop!

Esta interrupción se suponía que era temporal, mientras la empresa ajustaba sus filtros de captura de derechos de autor para cumplir con las órdenes judiciales, y trató de obtener una versión nueva y autorizada de su servicio (De hecho, los términos de los acuerdos con Metallica y Dr. Dre supuestamente incluyeron una cláusula en la que los artistas “acordaron permitir el intercambio de música una vez que Napster instalara un sistema que asegura el pago a artistas y editores”). Sin embargo, ese día nunca llegó; Napster se declaró en bancarrota y liquidó sus activos en 2002, siendo luego absorbido por Rhapsody después de una serie de veloces negociaciones.

Cuando Ulrich repasó toda la demanda contra Napster en un reportaje concedido en 2014 a la prensa estadounidense, tenía pocos remordimientos… “Ojalá hubiéramos estado mejor preparados para la tormenta de mierda en la que nos encontramos”, comentó. “No me arrepiento de haber atacado a Napster, pero me resulta extraño que esto se haya convertido en una enorme parte de nuestro legado para tanta gente, porque para mí esta historia es más bien como una nota al pie de página”. Sin embargo, al día de la fecha todavía sigue aclarando los conceptos erróneos respecto al porqué de la demanda que presentó Metallica y qué esperaban lograr. “También me sorprendió que la gente pensara que se trataba de dinero”, continuó Ulrich. “La gente usaba la palabra ‘codicia’ todo el tiempo, lo cual era tan extraño. Todo se trataba de una y sólo una cosa: el control. No fue acerca de Internet, ni del dinero, ni de compartir archivos, ni de dar cualquier mierda de forma gratuita o no, sino de quién fue la elección. Si quiero regalar mi mierda gratis, la regalaré gratis. Esa elección me fue quitada”

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Lars Ulrich sale de la corte luego de entregar los nombres de más de 300 mil fans que descargaron música de Metallica a través de Napster. El policía que le abre la puerta se ve feliz.

La demanda de Metallica a Napster no fue sólo un hecho judicial. También abrió el camino a la distribución de la música por internet y cambió para siempre a los actores de la industria musical: el negocio no volvió a ser el mismo. Pero mientras el caso Napster comenzó y terminó en tan sólo dos cortos años, el debate en los medios de comunicación y en Internet se ha encendido desde entonces: Sony quiere una tajada de las ventas de iPod de Apple, además de sus ingresos de iTunes. La lucha por la música DRM, eventualmente ganada por el mismo Jobs, aún continúa. Pandora quiere diferentes tarifas que las estaciones de radio regulares. YouTube creó un imperio en videoclips pirateados, fue demandado por Viacom y luego reveló que Viacom había estado cargando muchos de esos clips. Los años que tomó el lanzamiento de Spotify en los Estados Unidos. SOPA. PIPA. Artistas dando la espalda a Spotify para lanzar álbumes completos exclusivamente en plataformas como iTunes y Tidal. Apple compra Beats y la negociación de exclusivos de música, al igual que lo hizo hace una década. El regateo sin fin para poner el servicio de televisión real en Internet… Ulrich podrá tener razón o no en todo lo que aduce, pero acierta plenamente cuando menciona al control como objetivo final de toda esta batalla. Una batalla sin fin, eterna, interminable, y todo comenzó con Metallica vs. Napster, hace ya 17 años.

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