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La asunción presidencial de Donald Trump ha despertado todo tipo de expectativas en todo el mundo, y por supuesto en su país de origen también. ¿Qué va a pasar con el mundo? ¿Qué sucederá con la música? ¿Cómo manejarnos y qué esperar de esta situación tan compleja? Al respecto, el veterano pero muy lúcido Greg Graffin, co-fundador y frontman de Bad Religion  y profesor de ciencias en la Universidad de California de Los Ángeles, expresó su opinión en el medio británico NME.com. Y la encontramos tan valiosa y esclarecedora (y tan aplicable a otras latitudes, si se quiere), que aquí se las compartimos…

 

El célebre filósofo proto-punk Sky Saxon lo dijo muy bien: “La música fue y siempre será el gran escape cuando hay demasiada realidad”. Por un lado, vivimos en un mundo que encaja en la definición de demasiada “realidad”. El Presidente electo es, después de todo, un icono de la televisión “reality”. Los americanos más famosos son aquellos que atienden a las insaciables tendencias voyeurísticas del público (pensemos en los Kardashians, por ejemplo) de espiar dentro de sus vidas “reales”.

Uno podría oponerse, sin embargo, diciendo que tenemos muy poca realidad. Los ciudadanos apenas pueden vislumbrar el mundo que los rodea porque están demasiado fijos en sus smartphones. ¿Cómo pueden medir lo que es real? Los medios de prensa, el periodismo y el pensamiento crítico se han transformado en un universo de “predicar a los convertidos” y “atender a los crédulos” en lugar de representaciones vívidas de hechos sobre el mundo en que vivimos.

La música sufre cuando ya no proviene de un lugar emocional o auténtico. Apenas califica como válida si es “creada” a partir de una agenda calculada para construir más seguidores y “me gusta” en las redes sociales.

Prefiero pensar en estos tiempos -rebosantes de demasiados trocitos de información mayormente inútil- como irreales, ilusorios y en los que es frustrantemente difícil obtener información confiable. La investigación de los hechos no es una especie de magia o de adoctrinamiento, es la base del conocimiento, también conocida como ciencia. Depende de la simple observación y verificación. Para eso necesitás abrirte a todo tipo de información sensorial, y no encerrarte en vos mismo, como lo hace uno cuando consulta su iPhone en lugar de salir a ver cómo está el clima ahí afuera.

Tal vez eso es lo que hoy obstaculiza tanta música hoy. Recientemente estuve en una fiesta para uno de mis hijos. Se casó con una mujer etíope y la fiesta se llenó de música pulsante que sonaba parte de Medio Oriente, parte india, y era indudablemente toda etíope. Ni siquiera podía comenzar a identificar el género. Pero una cosa estaba clara, todos proveníamos de diferentes orígenes étnicos y culturales y aún así reaccionábamos de manera similar a estos sonidos. Estoy seguro de que hay “escenas” subterráneas en la música de hoy que están produciendo todo tipo de grandes obras que desconozco. Pero de lo que estoy plenamente seguro es que la música proviene de una reacción emocional honesta al mundo real que nos rodea.

Al igual que los peores aspectos de la música mainstream, la política se ha convertido en un escape de una realidad demasiado complicada y legiones de votantes la están comprando.

La música sufre cuando ya no proviene de un lugar emocional o auténtico. Apenas califica como válida si es “creada” a partir de una agenda calculada para construir más seguidores y “me gusta” en las redes sociales. Los amos de este nuevo universo pueden reunir millones de “seguidores” y “amigos” apoyados en una base de talentos, habilidades y conocimientos que es tan frágil que se derrumba con la menor brisa.

No es sólo la música la que sufre bajo tales condiciones. Nuestro Presidente electo fue llevado al poder por las mismas fuerzas que hicieron famosos a los Kardashians: expertos en popularidad, pero sin mostrar comprensión ni interés por los desafíos que enfrenta nuestra población. Quizás, en lugar de exhibir tanto narcisismo auto-absorbente, podrían dedicar tiempo a estudiar el mundo natural en que vivimos, o a la evolución y coexistencia de las poblaciones humanas, con el objetivo de compartir ese conocimiento y usarlo para guiar sus vidas “reales”. La recopilación de datos empíricos y su discusión podría dar paso a un movimiento de regreso a la realidad que podría impulsar nuevas direcciones musicales.

Te sugiero que esperes más de tus líderes políticos que tweets ocasionales para distraer deliberadamente la información. Mantenete bien leído y bien informado para poder calificar su enfoque sobre los problemas más complicados.

Al igual que los peores aspectos de la música mainstream, la política se ha convertido en un escape de una realidad demasiado complicada y legiones de votantes la están comprando. ¿Millones de refugiados hambrientos? Demasiada realidad. ¿Vasta disparidad en el privilegio? Demasiada realidad. ¿Calentamiento global? Demasiada realidad. ¿Guerra cibernética? Demasiada realidad. Llamemos a todas estas cosas complicadas “noticias falsas”, así nadie tiene que pensar en ello. Tal vez sólo voy a escribir una pequeña canción con un gancho pegadizo (“Make America Great Again”) y lucir presidenciable, mientras le doy empleo a productores de TV geeks y a nerds expertos en redes sociales para aumentar mi popularidad. Eso es todo lo que necesitás para convertirte en presidente hoy en día.

No hay una manera fácil de revertir estas tendencias. Pero te sugiero que esperes más de tus líderes políticos que tweets ocasionales para distraer deliberadamente la información. Mantenete bien leído y bien informado para poder calificar su enfoque sobre los problemas más complicados. Esto no es ciencia de hacer cohetes, ni es un plan sin esperanza. Y para que la música siga siendo vital, solamente escuchala con ganas, mirá cómo te mueve, ¿te parece auténtica? Incluso aunque necesites algún esfuerzo inicial para acostumbrarte, como me pasó con esos sonidos etíopes. ¿Y a quién le importa lo popular que sea?

 

 

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