ca. 1977, Malibu, California, USA --- Donald Fagen and Walter Becker of Steely Dan --- Image by © Neal Preston/Corbis

Becker & Fagen en Malibu, California, 1977: lo que se dice dos tipos audaces

Ya se sabe, el 17 simboliza la desgracia: no es de extrañar que en este año continúen yéndose grandes figuras de la música popular, aunque por fortuna a menor ritmo que en el nefasto 2016. Esta vez le tocó el turno a Walter Becker (67), guitarrista, bajista y compositor autor de hits del pop suavemente subversivos, creados a base de armonías de jazz y enigmas verbales en la oscura banda Steely Dan, su proyecto con Donald Fagen, quien falleció este domingo 3 de septiembre en su casa de Maui, Hawaii. Tenía 67 años.

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Steely Dan, allá lejos y hace tiempo

Becker no había podido presentarse con Steely Dan este verano en el Classic West y el Classic West, festivales de bandas de los 70 respectivamente celebrados en Los Ángeles y la ciudad de Nueva York. El mes pasado, Fagen dijo a Billboard: “Walter se está recuperando de un procedimiento médico y espero que estará bien muy pronto”…. Pero desafortunadamente no fue así. Su muerte fue anunciada en su página web oficial, sin dar detalles respecto a la causa del deceso, a tono con un grupo opaco en lo que respecta a su mecánica interna o sus intenciones. Se suponía que Becker, neoyorquino nacido en 1950, había superado los tropiezos con las drogas duras que llevaron a disolver el dúo en 1981; 12 años después, se reunió con su colega Donald Fagen. Volvieron a grabar y giraron de forma regular.

Últimamente estamos asistiendo a cierta rehabilitación del rock californiano de los setenta, supuesto símbolo de la degeneración espiritual de los ideales de la contracultura, ahora recuperado como yacht rock. En realidad, ni el ostracismo ni la revaloración afectaron a Steely Dan, que siempre fueron los campeones en una categoría especial. Sus discos encarnaban el patrón oro en lo que respecta a grabaciones de alta gama. No aparecían en las portadas de sus álbumes, rara vez actuaban y sus resbaladizas letras invitaban a las especulaciones.

En el caso de Becker, pesaban los traumas de crecer en una familia rota, algo que –según Fagen- le llevaba a manifestar cinismo sobre la naturaleza humana, pesimismo que resolvía con humor negro e imitaciones desternillantes. Para Becker, estar alienado era una bendición: le permitía ver el mundo desde los márgenes. Fagen añadía que la actitud cool de Steely Dan derivaba de la personalidad de Becker. Musicalmente, eran alérgicos a las ortopedias del jazz-rock: su ideal era una banda de rock que tuviera el impulso aéreo del mejor jazz.

becker-nakedPara entender a Steely Dan, conviene asumir que tenían más de hipsters que de hippies. Becker y Fagen se educaron con los clásicos del be-bop y la literatura beat; de hecho el nombre de Steely Dan venía de un consolador (!) mencionado en “El almuerzo desnudo” (The Naked Lunch) de William Burroughs. En Nueva York habían rondado por la periferia del show business, sobreviviendo como músicos de acompañamiento e intentando vender canciones complejas a artistas poco sensibles. Tras instalarse en Los Angeles, fueron fichados por un amigo, el productor Gary Katz, que les introdujo en la discográfica ABC. Formaron un grupo donde Becker ejercía de bajista y Fagen compartía el micrófono con David Palmer. Su música tenía ecos armónicos del jazz y percusiones latinas, elementos poco habituales en canciones cuyas letras parecían deleitarse en las desdichas de niños ricos y las tentaciones de las drogas.

Después del éxito del album debut “Can’t Buy a Thril” (1972) y “Countdown to Ectasy (1973)”, Steely Dan cambió su modus operandi. Con un mercado discográfico en expansión, renunciaron a los conciertos y luego siguió el abandono paulatino de sus compañeros. Reciclados en grupo de estudio, contaron –como ya habían hecho anteriormente- con los mejores instrumentistas de alquiler; Becker adquirió funciones de guitarra solista. “Pretzel Logic” (1974), “Kathy Lied” (1975), “The Royal Scam” (1976) y “Aja” (1977) fueron discos triunfales. Luego, la máquina descarriló. Aparte de un perfeccionismo que ignoraba los presupuestos disponibles, Becker descubrió la heroína, un secreto que se destapó cuando su joven novia falleció de sobredosis en su apartamento neoyorquino. El resultado de tantas turbulencias fue “Gaucho” (1980), que tenía algo de canto de cisne y también de confesión de sequía creativa: Keith Jarrett demandó al dúo, al detectar que el tema principal plagiaba una de sus composiciones.becker-cantbuy

Tras ser atropellado por un taxi, Becker quedó fuera de combate y se retiró a Hawaii. Steely Dan pasó al congelador tras iniciar Fagen una carrera en solitario con “Nightfly” (1983). Gracias a su estudio particular, Becker volvió discretamente a la actividad, con la producción de artistas de querencia jazzy como Michael Franks o Ricki Lee Jones. Su trabajo más visible fue con China Crisis, grupo de Liverpool muy marcado por la estética de Steely Dan. La reconciliación llegó en 1991, cuando Becker se incorporó espontáneamente a un concierto de The New York Rock and Soul Revue, banda formada por Fagen y su esposa, la cantautora Libby Titus. Los antiguos socios buscaron nuevas formas de funcionar: Becker produjo el segundo disco en solitario de Fagen, “Kamakiriad” (1993); Fagen correspondió como coproductor del primer trabajo de Walter como solista, “11 Tracks Of Whack” (1994).

Ninguno de esos discos incendió las listas de ventas y la pareja volcó sus energías en resucitar creativamente a Steely Dan. “Two Against Nature” (2000) fue recibido con entusiasmo por la industria, conquistando cuatro premios Grammy. En 2001 la banda entró en el Salón de la Fama del Rock’n’Roll. Más tarde llegó “Everything Must Go” (2003), un lema publicitario habitual en las liquidaciones de grandes almacenes. Era su sarcástica manera de reconocer que se habían plegado a las nuevas exigencias profesionales, puntualmente giras tocando versiones impecables de sus grandes éxitos, de las que quedaron varios discos en vivo como testimonio. Mientras Fagen arreglaba sus cuentas con el pasado en una autobiografía, Eminent hipsters, Becker se desahogaba con un disco de música caribeña, “Circus Money” (2008), con las acostumbradas visiones ácidas del modo de vida californiano. En 2005 salió “Marian McPartland’s Piano Jazz with guests Steely Dan” (2005), que sería su último disco de estudio.

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Fuente: El País

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