La performance es una de las ramas artísticas en origen más punk: apela a la pura individualidad y no se maneja con recetas. De hecho, no fueron pocas las bandas que sumaron acciones en vivo para estimular al auditorio. En estos tiempos, el arte performático es una de las ramas del arte contemporáneo más popular. En parte por la relativa masividad de la obra de una de sus más importantes referentes, Marina Abramovic, y en parte también porque las manifestaciones más radicales o llamativas del arte van mutando de acuerdo a los tiempos que corren. La performance exige mucha atención puesta en el presente, sensibilidad y una gran entrega, habilidades que trascienden el trabajo de una puesta en escena de una obra de teatro o de un recital de rock. Hay algo en el arte performático que se configura como una sumatoria de todo lo que un artista puede dar, pero también la performance puede ser la piña en la cara que necesitamos para levantar la mirada del celular.

El domingo pasado me acerqué al ciclo Agotar la performance, un evento organizado, entre otros, por estudiantes de la maestría en artes performáticas de la Universidad de las Artes. Yo soy una performer amateur y apasionada por las demostraciones más exageradas de sentimentalismo y locura, así que por eso estaba ahí, solita, en el medio de cortar con mi actual ex pareja. Entre todas las piezas que vi mientras me bajaba una, o dos (o tres) latas de cerveza y una chica me convidaba carne cruda (en serio), hubo una acción que me llamó muchísimo la atención. Y, como los artistas que la llevaron acabo van a presentarse de nuevo esta noche, les acerco esta entrevista un tanto apresurada con una de ellos.
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“Uno” es una pieza performática que realizan la bailarina Dominique Melhem y el artista multidisciplinario alemán Roland Walter. Les doy un rato para que vayan y se miren la página web de este último. Roland es un artista tetrapléjico con muchísimas dificultades motrices. Desde su condición de artista con una discapacidad, genera una gran cantidad de obra que invita a pensar y revisar juicios y maneras de estar. En “Uno” suceden muchísimas cosas que generan la conciencia no sólo sobre la importancia de la inclusión en todos los ámbitos del quehacer humano, sino sobre la forma en la que nos percibimos a nosotros mismos. Los cuerpos de Dominique y Roland se entrelazan en una danza única que inventa movimientos y pasos desconocidos hasta el momento de la presentación. Una vez más, el arte performático como un llamado al presente, al salirnos de la mente (todas las boludeces que pensamos todos los días, nuestras propias limitaciones) y a habitar nuestro cuerpo más en contacto con otros… Dominique contestó estas preguntas por mail, momentos antes de la nueva presentación de “Uno” en (experiencia) Hiedra, esta noche a las 20.
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¿Cómo nació la idea de “Uno”?

Uno como concepto nace del deseo de disolución, disolver fronteras de pensamiento y de piel. Del deseo de empatizar profundamente con la idea, y el cuerpo, de un otro. “Uno” fue lo único que acordamos mediante un entendimiento que estaba dado implícitamente en nuestro vínculo, desde que nos conocimos. Nos convocaba el sentirse uno, con otro, con todo, y experimentar esa sensación en una acción que pueda ser compartida con otros.

¿Cómo se ensaya una pieza de performance así?

Nuestros ensayos han sido encuentros, en los que sin decir una palabra, nos sentábamos -hasta el día de hoy- sobre un banco, y semi abrazados y en equilibrio, empezamos a jugar y crear mundos en donde la relación, el vínculo, alimenta a la coreografía. A fines del 2014 recibí en Berlín una invitación por mail de Roland proponiéndome un trabajo en colaboración en el desarrollo de una performance. Desde ese entonces, tenemos un encuentro por año en Buenos Aires o en Berlin, en donde continuamos desarrollando “Uno”. Originalmente nos conocimos en un intensivo de danza butoh dictado por Yuko Kazeki, pocos días antes del inicio de la colaboración.

Además de hacer esta pieza, Roland Walter crea un manifiesto sobre su cuerpo y una construcción de sí mismo en su página web y en otras obras en otros soportes, ¿de qué manera “Uno” o piezas artísticas similares aportarían al crecimiento de la inclusión en el ambiente artístico?

Creo que “Uno” ofrece una visión orientada hacia la búsqueda de una libertad. Partimos de una visión que, por su naturaleza, incluye, sin limitarnos únicamente a ambientes artísticos ni relacionados a la idea de ser discapacidad. Nos gusta exponer en crudo las pulsiones de nuestros cuerpos y el deseo de entregarse a una expansión que transcienda los estigmas impuestos en estos cuerpos y en los pensamientos en torno a ellos y otros.

¿Cuáles son los desafíos que tuviste o tenés que superar, si los hubiera, y qué aprendizajes te fueron y te van apareciendo durante el proceso de creación y muestra de la obra?

Estoy muy agradecida a la oportunidad de poder trabajar junto a Roland y vivir estas experiencias con y a través de él, maestro de la alegría. Este trabajo me ayudó a vivir la entrega, el entregarme realmente a algo. Con Roland se vive en presente puro, un encuentro que ha provocado un sentir generoso y expansivo. Poder dar, crear, generar a través de este tipo de sentimiento compartido me ha dado mucha felicidad. Roland es fuente de inspiración y vida. Con el mayor desafío que nos encontramos es con la realidad de que nunca hemos podido hablar entre nosotros por cuestiones de idiomas. Un vínculo en donde la palabra hablada nunca ha existido. Esto trae una nueva dimensión a lo que es la comunicación. Encontrar diferentes formas de comunicarme y de entenderme con Roland ha sido muy divertido, a veces errático, pero divertido seguro. Esto es un elemento clave que hace a la vitalidad de nuestro trabajo.

¿Qué opiniones recibís sobre la obra?

El mayor tipo de respuesta que hemos tenido sobre nuestra obra son agradecimientos. Muchas veces, al finalizar la performance, las personas se acercan a saludar y agradecer. Algunos dicen haberse movilizado, conmovido. Creo que este trabajo definitivamente moviliza, y ofrece un espacio sobre el cual descansar en el encuentro. Ambos somos conscientes de eso.

 

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Belén Agustina Sánchez

Belén Agustina Sánchez

Belén Agustina Sánchez (Editora fundadora)
Baterista, traductora, performer y profe de Lengua y Literatura. Colabora en Tom Tom Magazine (NY) y en The Buenos Aires Review. Fanática de Die Toten Hosen. Mamá de Colita, la perrita más linda de Villa Ortúzar.